La espera

Feb - 04 2017 | By

La semana pasada, al aterrizar nuestro avión de Interjet, sucedió lo que sucede con mucha frecuencia; tuvimos que esperar sentados en el avión por varios minutos, debido al tráfico en las pistas de aterrizaje que sucede en muchos aeropuertos del mundo, debido a su creciente afluencia.

Muchas personas, en repetidas ocasiones, podemos llegar a pensar que cuando esperamos de más sentados después de haber aterrizado es culpa de la aerolínea, cuando en realidad no es así, sino que depende enteramente del tráfico en la pista y de los permisos que otorga la torre de control.

Una cosa que noté en aquellos minutos de estar sentado en espera fue mi creciente desesperación de querer pararme e ir a recoger mi equipaje, algo que también noté en otros pasajeros, aunque el avión era uno muy cómodo en realidad y era muy posible el estar sentado sin ningún problema, con el aire acondicionado enfriando el inevitable calor que en estas situaciones se produce.

A su vez, me di cuenta de que la impaciencia y la desesperación son atributos sumamente contagiosos, aunque nadie diga nada, de la misma manera que la luz se transmite a través de cables de manera silenciosa, ya que estoy convencido enteramente de que el ser humano es el radar más sofisticado, el único radar que verdaderamente capta aquello que se transmite de manera invisible.

Al estar en esta situación, una situación totalmente fuera de nuestro control, me di cuenta de que muchas veces la impaciencia viene de la expectativa, ya que una no puede vivir sin la otra, mas que en muy pocas ocasiones.

La relación entre la expectativa y la paciencia, si es que lo vemos de una manera objetiva, es algo que determina nuestra paz mental, ya que si no sabemos esperar, el presente pierde sentido y si no cosechamos expectativas, el futuro pierde mucho de su textura y hace de la vida algo muy incierto.

Por esta razón, la línea es muy delgada entre la expectativa sana y la impaciencia siempre dañina, ya que bien dicen que la curiosidad mató al gato, ya que a su vez la impaciencia es producida por altos grados de curiosidad.

Asimismo, la impaciencia se debe a que por lo general no sabemos estar donde estamos y siempre queremos estar en otro lugar; esto es algo que muchas veces lleva la felicidad de los individuos a la ruina, mientras que aquel que sabe estar en el momento en el que se encuentra, será feliz.

No obstante, la felicidad de muchos individuos yace en el esperar y en el planear un futuro que hay que construir y que en ese preciso momento no existe en el plano de lo que llamamos la realidad.

La realidad, en mi humilde punto de vista, es que debemos de saber adornar nuestro presente y planear sólidamente el futuro, sin impaciencia, ya que la impaciencia acorta la vida.